por: MsC. Vicente González Portuondo (Artículo publicado como parte de la investigación: “Herramienta de gestión de información del patrimonio cultural subacuático en Cuba, Universidad de Cádiz (UCA), España.

El considerable aumento de la explotación comercial de los recursos marinos, la destrucción de los ambientes marítimos-costeros y el expolio de los bienes patrimoniales en nuestros mares, hoy son una realidad negativa a la que nos enfrentamos todos.

Esta situación nos lleva irracionalmente, a la pérdida irrecuperable de los bienes naturales y culturales que yacen en nuestros mares y que forman parte de nuestro patrimonio común.Por ello, urge más que nunca, la necesidad de crear mecanismos legales para proteger jurídica y materialmente el patrimonio natural y cultural subacuático. De ahí que, la localización, identificación y evaluación de los yacimientos arqueológicos subacuáticos sean los primeros pasos, elementales e imprescindibles, para proteger y conservar apropiadamente los bienes que forman parte de este legado, a fin de garantizar su conocimiento y disfrute para las presentes y futuras generaciones, como parte que son de la herencia cultural de los pueblos.

Partiendo de la premisa de que, “No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama” (frase atribuida a muchos autores, entre ellos a Leonardo Da Vinci, pero que refleja una verdad manifiesta en la práctica cotidiana de la arqueología); para establecer una correcta tutela del patrimonio arqueológico pasamos inevitablemente por la necesidad de tener un conocimiento global de la realidad patrimonial del mismo. Motivo por el cual, se hace imprescindible desarrollar estrategias encaminadas a la elaboración de las Cartas Arqueológicas, instrumentos de inventario y catalogación; que en los últimos años se han mostrado útiles en todos los países en la gestión de los bienes patrimoniales tanto para el patrimonio arqueológico terrestre como para el subacuático.

La carta arqueológica subacuática se define como: “el instrumento metodológico rector para el desarrollo de la arqueología subacuática en una zona o región, que sirve de guía para la localización, identificación, evaluación y gestión de los yacimientos arqueológicos”.  (NIETO, XAVIER. 1984.).

Este importante instrumento metodológico puede considerarse como la base estructural sobre la cual se construye la gestión del patrimonio cultural subacuático de una nación o región determinada, de ahí que el otorgarle la significación y prioridad necesaria a su confección y gestión sea un elemento estratégico para la correcta tutela del mismo, tal y como se contempla en la Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico adoptada por ICOMOS en el año 1990: «la protección de este patrimonio no puede basarse únicamente en la aplicación de técnicas arqueológicas. Exige un fundamento más amplio de competencias y conocimientos profesionales y científicos». La protección del patrimonio arqueológico, como se señala en su artículo 4, «debe basarse en el más completo conocimiento posible de su existencia, de su amplitud y de su naturaleza. Los inventarios generales con delimitación del potencial arqueológico son, por tanto, instrumentos esenciales de trabajo para perfilar estrategias de protección de dicho patrimonio».

Al mismo tiempo, estos inventarios constituyen un banco de datos que nos suministra las primeras fuentes para el estudio y la investigación científica. La elaboración de inventarios debe ser considerada como un proceso dinámico permanente. Resulta, pues, que los inventarios deben abarcar información a diversos niveles de precisión y fiabilidad, ya que incluso unos conocimientos superficiales pueden constituir el punto de partida para poner en marcha medidas de protección. (GARCÍA RIVER, CARMEN. ALZAGA GARCÍA, MILAGROS. 2008)

Estos criterios formulados con anterioridad han sido recogidos en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, UNESCO, París, 2 de noviembre de 2001, en cuyo artículo 22 se establece que:

«a fin de velar por la correcta puesta en práctica de esta Convención, los Estados Partes establecerán autoridades competentes o, en su caso, reforzarán las ya existentes para que puedan elaborar, mantener y actualizar un inventario del patrimonio cultural subacuático y garantizar eficazmente la protección, la conservación, la presentación y la gestión del patrimonio cultural subacuático, así como la investigación y educación».

Las cartas arqueológicas, tienen unos objetivos muy específicos; siempre con miras a la protección y conservación de los bienes patrimoniales. Pero cuyos fundamentos metodológicos en la praxis están dirigidos a cumplir las siguientes premisas:

  • Localizar, identificar y evaluar el patrimonio susceptible de ser investigado con metodología arqueológica; pues el simple hecho de tenerlos localizados, permite establecer un modelo de ordenación y actuación para protegerlos.
  • Diagnosticar su estado de conservación y los posibles riesgos o amenazas a su integridad patrimonial.
  • Normalizar el tratamiento del patrimonio arqueológico dentro de todos los procesos de transformación marítimos, costeros y portuarios.
  • Proponer actuaciones normalizadas que permitan proteger, conservar, investigar y difundir los valores de este patrimonio.

Conocer qué, dónde, cómo y cuándo se deben ejecutar las diferentes actuaciones que implican el ejercicio de la tutela de los bienes culturales, sobre todo cuando éstos son sólo parcialmente reconocibles o están en un medio de difícil acceso como es el medio subacuático, obliga a los decisores y actores institucionales encargados de la gestión patrimonial a establecer e instrumentar un amplio esquema de trabajo a la hora de la implementación de una carta arqueológica.

Puesto que, la necesaria gestión por parte de las instituciones administrativas, de proyectos de prospección, excavación, conservación y difusión, la cobertura básica proyectual que debe tener toda intervención puntual de investigación y conservación, así como la coordinación de los trabajos realizados por diferentes instituciones multidisciplinares para un mismo ámbito de análisis patrimonial, demandan la formalización de documentos de carácter global que sustenten todo tipo de investigación histórica que se haya desarrollado en un territorio, para conformar hipótesis sobre la evolución histórica, detectar las carencias o vacíos de conocimiento y, en definitiva, tener una información, en principio básica, para plantear el desarrollo futuro de la tutela del Patrimonio Arqueológico Subacuático de un área geográfica concreta.

A su vez, la evolución en el tratamiento y requisitos exigibles a la documentación e información que trata el patrimonio histórico refleja el grado de madurez de las administraciones encargadas de su tutela. Así, los aspectos que tradicionalmente aparecían como documentación suficiente para la gestión del Patrimonio Arqueológico (caracterización de yacimientos arqueológicos, localización y, a lo sumo, delimitación de sus ámbitos), se manifiestan claramente insuficientes. En la actualidad se precisa, además de la descripción de los elementos, su análisis, diagnóstico y propuestas de actuación ya que el ejercicio de la conservación de los Bienes Culturales se amplía y se hace cada vez más complejo.

Todo ello nos delínea la trascendencia y complejidad de las Cartas Arqueológicas como instrumento articulador de la gestión del patrimonio histórico cultural subacuático. Pues, su ejecución estará sometida a una serie de condicionantes que vienen marcados, sobre todo, por el medio en el que se desarrollará la investigación, un medio adverso que condicionará en gran medida la ejecución de las actuaciones arqueológicas a desarrollar.

En este sentido, se deben destacar entre los problemas fundamentales, que los especialistas encuentran para el desarrollo de su actividad investigadora en el medio subacuático, la falta de visibilidad, el exceso de profundidad, las corrientes, los tipos de fondo. Las especiales condiciones que pueden llegar a darse en puntos concretos del litoral, en ríos y lagos, como consecuencia del elevado volumen de aportes sedimentarios y de la acción de corrientes, crean un grave problema a la hora de reconocer, estudiar y difundir los valores de estos recursos culturales, convirtiendo su investigación y comprensión en una tarea difícil a la que hay que dedicar tiempo y trabajo con resultados que no siempre llegan a ser los deseados.

De ahí la gran complejidad en la instrumentación e implementación de estas herramientas de gestión al proceso de investigación histórica del patrimonio subacuático, pues supone permitir la localización e identificación de restos sumergidos de carácter arqueológico, proporcionando una mayor capacidad para el estudio de áreas extensas, solventando las limitaciones anteriormente citadas.

No obstante, en la actualidad podemos encontrar muchos casos de éxito en este sentido, que sin duda alguna suponen un referente en la implementación de este tipo de instrumentos de gestión patrimonial; entre las que se destacan, a juicio de este autor, las que se reseña a continuación.

Pero antes es importante señalar, que en la presente investigación no procuramos hacer un análisis intensivo de todos los trabajos, lo cual excedería ampliamente este espacio, sino más bien, presentar un recuento ordenado que nos permita citar los proyectos de cartas arqueológicas más relevantes que se han desarrollado en los últimos años y discutir algunos aspectos significativos de estos en particular.

Carta Arqueológica Subacuática de Andalucía, España: Desarrollada y gestionada por el Centro de Arqueología Subacuática de Andalucía (CAS) perteneciente al Instituto Andalus de Patrimonio Histórico (IAPH); optó por centrar sus esfuerzos en la ejecución de un Proyecto de Carta Arqueológica encaminado a la localización, identificación y evaluación de los yacimientos localizados en aguas andaluzas, valorando asimismo el riesgo a que estaban sometidos. La implementación de esta carta les ha permitido contar con una completa infraestructura de información sobre la que se sustentan el establecimiento de mecanismos de protección y el diseño de estrategias de investigación en esa región.

Como resultado directo de la puesta en práctica de este instrumento de gestión, hoy se cuenta con un registro de la existencia, en aguas andaluzas, de 81 yacimientos arqueológicos, con una cronología que abarca desde la Protohistoria hasta la Edad Moderna y Contemporánea, distribuidos de la siguiente forma: Huelva (13), Cádiz (44), Málaga (11), Granada (1), Almería (8), Jaén (1) Córdoba (1), Sevilla (2). Igualmente, se ha recogido datos diversos proporcionados por noticias orales de buceadores, pescadores y gentes del mar, en los que existen referencias a la existencia de restos arqueológicos. Se tratan de puntos o áreas a inspeccionar y en los que se hace imprescindible realizar inmersiones de reconocimiento y posterior valoración, al tratarse de zonas desconocidas desde el punto de vista de la investigación.

Estos datos han pasado a engrosar una base de datos denominada YACSUB. En el caso de confirmar la existencia de yacimientos en dichas áreas, estos pasarían a integrarse en el Sistema de Información del Patrimonio Histórico de Andalucía (SIPHA), si por el contrario la inspección resultase negativa, se constataría la fecha y las características de la inmersión, almacenándose los datos para intervenciones futuras. (GARCÍA RIVER, CARMEN. ALZAGA GARCÍA, MILAGROS. 2008)

De la misma forma, se han analizado diversas fuentes documentales, obteniéndose datos relativos a la existencia de aproximadamente 1000 naufragios históricos en aguas andaluzas, de los cuales 638 se localizan en el Golfo de Cádiz. Esta información documental se ha volcado en una base de datos denominada DOCUSUB la cual, puesta en relación con otros parámetros ha formado parte del Sistema de Información Geográfica SIGNAUTA. (GARCÍA RIVER, CARMEN. ALZAGA GARCÍA, MILAGROS. 2008)

Los trabajos anteriormente citados han proporcionado una información de base que sustenta los objetivos esenciales de este proyecto de carta arqueológica: el establecimiento de mecanismos de protección y el diseño de estrategias de investigación en esta región de la península ibérica.

Carta Arqueológica Subacuática de Cataluña, España: Desarrollada desde principios de los 90 por el equipo de especialistas del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC), centro de investigaciones encargado de la gestión y tutela del patrimonio cultural subacuático de esa región y pionero en muchas de las importantes investigaciones y aportaciones que se han hecho a esta área del conocimiento en la península ibérica y Europa en general.

Este proyecto de Carta Arqueológica a decir de sus progenitores, desde sus inicios «se entendió como una herramienta imprescindible, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para la gestión del patrimonio». Este planteamiento teórico no siempre fue posible llevarlo a la práctica en todas partes de la forma deseada debido a numerosas razones: la compleja legislación y el reparto de competencias sobre el mar y la costa entre organismos muy diversos de la administración central y autonómica; la falta de hábitos y de experiencia en este campo y la falta de medios económicos, fueron algunas de las causas, pero este trabajo permitió pasar de los 175 yacimientos conocidos a finales de 1991 a los 730 inventariados al finalizar el proyecto. (NIETO, X., RAURICH, X.1997).

La metodología de trabajo que se estableció para llevar a cabo este proyecto constaba esencialmente de cuatro fases:

  1. Documentación previa.
  2. Confrontación de las informaciones.
  3. Trabajo de campo.
  4. Obtención de resultados.

Esta carta arqueológica se convirtió en un documento para la investigación en cuanto que nos ofrece una visión global, no detallada y precisa, pero si suficiente para hacer una primera aproximación a la situación náutica de Cataluña (NIETO, X., RAURICH, X. 1996) y (NIETO, X., RAURICH, X.1998).

Es interesante constatar que aproximadamente el 70% de los pecios inventariados corresponden a época clásica, pero únicamente hasta el siglo II d.C., a partir de ese momento y hasta el siglo XV, el vacío es casi total con sólo un 5% de los yacimientos, correspondiendo el 25% restante a época moderna. La interpretación de estos datos es compleja ya que obedecen a causas de muy diversa índole; pero los mismos son una valiosa información, como lo es la distribución geográfica de estos yacimientos.

Carta Arqueológica Subacuática de Italia: Italia es uno de los países con mayor tradición en la investigación del patrimonio arqueológico sumergido. A pesar de la persistencia de algunos problemas de organización no resueltos, los resultados científicos en la conformación de la Carta Arqueológica Italiana han sido numerosos e importantes, cuya consecuencia a devenido en las aportaciones de investigaciones de gran trascendencia en el campo de la arqueología subacuática y marítima.

Es el caso, por ejemplo, de la ampliación de conocimientos en temas como al comercio marítimo del vino en la época romana, del aceite y otros productos alimenticios; la arqueología y la arquitectura navales; las navegaciones y el variado mundo a ellas vinculadas (mercantes, armadores, marineros, pasajeros, etc.) y los puertos y los enclaves sumergidos (muchos de ellos en los lagos de la Italia septentrional o central, pero también en el mar, como los que hay en Baia y en los Campi Flegrei).

Un importante hallazgo está relacionado con un asentamiento neolítico perilacustre descubierto en el lago de Bracciano (cerca de Roma), en la localidad de “la marmotta”. Es el más antiguo de Europa, sus restos se remontan a mediados del VI milenio antes de Cristo, entre estos restos, bastante bien conservados, existen cerámicas decoradas, industria lítica tallada y pulida, instrumentos de madera y de obsidiana, estructuras de cabañas y algunas piraguas monoxilas, una de las cuales, recuperada y expuesta en el Museo de Prehistoria “Luigi Pigorini” de Roma, tiene alrededor de 11 metros de longitud.

Especialmente, a partir del estudio de los puertos se está reuniendo una relevante documentación arqueológica relativa a las construcciones marítimas en hormigón, totalmente fieles a las prescripciones de Vitruvio (5, XII, 3), a menudo mal interpretadas precisamente por la ausencia de testimonios directos. Entre los análisis más puntuales, hay que recordar los llevados a cabo en el Tirreno sobre las estructuras portuarias del área flegrea (Nisida, Pozzuoli, Porto Giulio y Miseno), sobre puertos de Anzio, de Astura, de Ponza, de Punta Licosa y, en el bajo Adriático, las investigaciones realizadas sobre los restos sumergidos de los puertos de Egnazia y de Atri.

Muchos han sido los progresos realizados en el estudio de las ánforas, tanto de época arcaica como romanas y de la alta edad media; el fenómeno de los barcos con los dolia ha asumido proporciones inesperadas, afectando sobre todo al Mediterráneo occidental; el fenómeno de la piratería ha surgido cada vez con más fuerza mediante la recuperación de armas en los restos de unos barcos que suman ya casi cincuenta, y las inscripciones en las ánforas, en los tapones y en los cepos de las anclas han dado a conocer a numerosos personajes relacionados con el comercio marítimo (navicularii y mercatores).

Por otra parte, mientras que se pensaba que casi no quedaban huellas de los restos arcaicos, hoy se ha progresado mucho en este campo. Baste recordar las importantes consecuencias que tuvo la intervención sobre los restos ya expoliados de la Isla del Giglio (Campese): en primer lugar fueron considerados etruscos, luego Mauro Cristofani, dando un ejemplo magistral de lectura histórica de los testimonios submarinos, ha demostrado brillantemente su origen corintio 4. Dos restos de nave griega de comienzos del siglo V antes de Cristo, descubiertos en Gela, en Sicilia, han proporcionado una óptima documentación relativa a la técnica de construcción con ensamblajes obtenidos mediante “costura”.

En Grado, en la laguna véneta, se ha excavado ya casi por completo el pecio correspondiente a una nave romana del siglo II de nuestra era, cargada de ánforas de Tripoli que contenían garum y pescado en conserva así como otros materiales accesorios (por ejemplo, vidrio para reciclar). Avanzando desde un punto de vista cronológico, se ha comenzado por fin a rellenar la gran laguna relativa al conocimiento de los pecios medievales. Una magnífica excavación fue efectuada en San Vito Lo Capo (Trapani), en Sicilia, sobre los restos de una nave del siglo XI. En la laguna véneta (Malamocco), y en la Sicilia meridional (Sciacca), se ha llegado aún más lejos interviniendo sobre pecios renacentistas.

Todas estas investigaciones desarrolladas a lo largo de las costas italianas reafirman el grado de madurez de esta actividad científica en Europa, que debe mucho sin dudas a Nino Lamboglia, a quién una eficaz definición señala como, el “padre de la arqueología subacuática”, sus enseñanzas son ya un patrimonio adquirido para cualquiera que opere con métodos y fines científicos en el campo de la arqueología subacuática, y no solamente en Italia.

Es oportuno señalar que, en el continente americano también podemos encontrar experiencias destacadas en la elaboración e implementación de inventarios, catálogos y cartas arqueológicas subacuáticas, entre las que significamos:

Carta Arqueológica del Patrimonio Subacuático de México: Este proyecto dirigido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instancia federal dedicada a la investigación, conservación, protección y divulgación del patrimonio arqueológico, antropológico e histórico de México, fundada en 1939. Dentro de este Instituto se creó en 1980 un área específica para atender al patrimonio cultural que yace sumergido en aguas marinas y continentales de este país. A 37 años de su creación, los esfuerzos de la Subdirección de Arqueología Subacuática se han orientado a la búsqueda de naufragios específicos, la realización de inventarios o cartas arqueológicas y, en los últimos dos años, al estudio específico de sitios de naufragios históricos.
A la fecha, la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH cuenta con el registro general de 307 contextos arqueológicos en aguas marinas. Estos están conformados por restos de embarcaciones y objetos aislados cuyas cronologías fluctúan entre los siglos XVI y el XX. Además, están registrados 46 contextos en aguas continentales (cuevas y cenotes), en los que se han identificado restos de megafauna pleistocénica, residuos de hogueras prehistóricas, ofrendas prehispánicas, así como diversos objetos manufacturados y desechados durante las épocas virreinal y moderna.

También, derivados de los trabajos de conformación del inventario arqueológico realizado en estos espacios acuáticos, se han recuperado más de 900 restos arqueológicos, entre ellos: esqueletos de humanos y animales que habitaban la península de Yucatán durante el Pleistoceno tardío; hallazgos de vestigios prehispánicos de la cultura maya en cenotes y cuevas; Una importante colección de piezas procedentes de naufragios relacionados con el período colonial, y los naufragios de la era industrial caracterizada en su generalidad por la presencia de tecnología de la navegación a vapor.

Cabe destacar, que la carta arqueológica de México desarrollada por el INAH es una de las más completas y mejor estructuradas del continente, desde el punto de vista científico administrativo de la gestión patrimonial. Labor que ha sido reconocida en los últimos años por las máximas instituciones de la tutela patrimonial a nivel mundial como la UNESCO, quién colocara en su lista de “Las Mejores Prácticas del Patrimonio Cultural Subacuático” a las investigaciones desarrolladas por este país.

Carta Arqueológica de la Provincia de Buenos Aires, Argentina: Desde el año 2008 se comenzó a conformar la Carta Arqueológica Subacuática de la provincia de Buenos Aires. La propuesta metodológica es la de reunir en una base de datos la existencia de restos arqueológicos de los que no se tiene constancia aún o ésta existe tan solo por fuentes documentales u orales o por hallazgos dispersos, señalando todos los supuestos puntos de interés arqueológicos subacuáticos de la provincia de Buenos Aires.

Este programa de carta arqueológica se propuso desarrollar los estudios por etapas. La primera se dedicó a las costas fluviales del norte de la provincia, es decir en los ríos Paraná y de la Plata, y en la totalidad de la costa marítima atlántica. En estos territorios se dieron los grandes sucesos de construcción de esa nación. Pues, gracias a la existencia del Río de la Plata, se dio la razón de ser para que los europeos en el siglo XVI decidieran afincar en la ribera sur del río, e implementaron desde su llegada la navegación del río Paraná, generando una ruta constante con la gran ciudad de Asunción, ciudad principal del período de la Conquista y Colonización de los territorios del sur oeste de América.

Este proyecto pretendió reunir en una base de datos la existencia de restos arqueológicos de los que no se tiene constancia aún o ésta existe tan solo por fuentes documentales u orales o por hallazgos dispersos, señalando todos los supuestos puntos de interés arqueológicos subacuáticos de la provincia de Buenos Aires, así como los sitios conocidos y ya investigados. Esa base de datos está siendo concebida a través del desarrollo de un Sistema de Información Geográfica (SIG), ofreciendo posibilidades que, más allá de la propia gestión administrativa, permite diseñar aplicaciones de gestión del patrimonio arqueológico sumergido en relación con supreservación, investigación y difusión. La investigación generada por el proyecto y la base de datos se informan al Centro de Registro del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de la Dirección Provincial del Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires.

Cada uno de los ejemplos de cartas arqueológicas expuestos anteriormente, dan muestra del potencial que tiene este instrumento metodológico cuando se aplica con fundamentos y criterios científicos en pos de una correcta gestión patrimonial en contextos subacuáticos.

Bibliografía:
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