PARQUE ARQUEOLÓGICO

“Parque Arqueológico del Patrimonio Natural y Cultural Subacuático Batalla Naval de Santiago de Cuba”. Declarado Monumento Nacional en el año 2015.

Región donde se localiza el parque arqueológico:

Provincia: Santiago de Cuba. Cuba.
Municipios: Santiago de Cuba y Guamá.

Localización geográfica del parque arqueológico:

Está formado por siete sitios arqueológicos (Playa Siboney, Las Cuatro Bocas, Playa Mar Verde, Rancho Cruz – Buey Cabón, Ensenada de Juan González, Aserradero y Playa La Mula), cuyas características medioambientales y arqueológicas difieren de un sitio a otro por la propia demarcación de los sitios a lo largo de la franja costera suroriental de la provincia de Santiago de Cuba.

Abarca una extensión territorial de unas 64.824 millas náuticas, equivalentes a unos 120.051 km a lo largo de la costa desde la playa Siboney, perteneciente al municipio Santiago de Cuba; hasta la playa “La Mula”, referente al municipio Guamá.

El área de la franja costera de la zona suroriental de la provincia de Santiago de Cuba fue escenario de uno de los acontecimientos navales más trascendentales de la historia de la humanidad. La cruenta y desigual Batalla Naval, que culminó con el hundimiento de la flota del Vicealmirante Pascual Cervera y Topete, puso fin al dominio colonial español en América, y con esto dio paso al surgimiento del imperio más poderoso en la historia de la humanidad, los Estados Unidos de América.

Paradójicamente, la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana culmina con la pérdida del Crucero Acorazado “Cristóbal Colón”, nombrado en honor al descubridor, con el cual comenzó una controvertida historia de más de quinientos años, que ha dado lugar a la América que hoy se conoce.

Los vestigios de aquella cruzada naval conforman lo que actualmente se conoce como el Parque Arqueológico Subacuático “Batalla Naval de Santiago de Cuba”. Este está conformado por siete sitios arqueológicos donde yacen los pecios vinculados al desembarco y el conflicto naval, así como por todas aquellas evidencias materiales pertenecientes a los buques que guardan relación de una forma u otra con los hechos, como por ejemplo: mástiles, masteletes, restos de las jarcias de las arboladuras, herrajes, partes de los emplazamientos de la artillería, proyectiles de grueso y mediano calibre, fluserías, balaustres y mecanismos del sistema de propulsión. De igual forma, entre los restos que yacen sobre el fondo marino se han articulado, en más de un siglo de reposo y actividad biológica, ecosistemas especiales donde la fauna sésil y la flora marina se han fusionado con los pecios en una entidad simbiótica que los protege mutuamente.

Tal es la importancia de este parque arqueológico que autoridades internacionales (como el afamado inmersionista francés Jacques-Yves Cousteau y el Dr. C. Claudio Mocheggiani, Superintendente Adjunto de la Superintendencia Arqueológica de Roma y Director de Servicio Técnico para la Arqueología Subacuática del Ministerio para los Bienes Culturales y Ambientales de Italia) y nacionales (como el Dr. C. Eusebio Leal, Historiador de la ciudad de La Habana), por solo citar algunas, se han interesado en la posibilidad de emprender un proyecto de museo subacuático y centros de interpretación, alrededor de estos restos y los biótopos asociados.

Durante muchos años estos sitios han sido de un atractivo especial para investigadores, arqueólogos, inmersionistas y turistas en general, justificado no solo por el trascendental valor histórico de la famosa Batalla Naval, sino porque es un verdadero privilegio disfrutar hoy de las inmersiones en estos pecios ubicados en un entorno de espectacular belleza, en el que la cordillera de la Sierra Maestra irrumpe en el Caribe de manera abrupta e irregular, segada por cañones y cauces de ríos y estuarios que se extienden en deltas tapizados de cantos rodados y zonas bajas, que forman humedales cubiertos de manglares al abrigo de ensenachos y caletas vírgenes: ecosistemas que sostienen una increíble diversidad biológica.

El patrimonio cultural y natural subacuático hace referencia a todo vestigio de existencia humana que haya quedado sumergido bajo las aguas, sean estas terrestres o marinas, y que posee alguna importancia para la preservación de la historia de la humanidad en su relación con el entorno. Este patrimonio, al que puede pertenecer desde un barco hasta una ciudad, posee la característica sui géneris de encontrarse en un medio especial, donde los valores naturales de los ecosistemas y sus particulares biótopos interactúan de manera decisiva con los valores culturales, y que se imbrican con estos en una unidad dialéctica que es decisiva para su conservación, única garantía para su legado a las futuras generaciones como herencia compartida.

El proceso de conservación del patrimonio cultural y natural subacuático, al referirse a un conjunto de acciones humanas con el propósito de salvaguardar valores universales, es expresión, y depende en grado sumo, del nivel cultural que poseen los individuos que se erigen como gestores del mismo, pues si no lo perciben como un tesoro universal, que además les pertenece, no podrán intervenir en su preservación. Lo anterior se refuerza por el hecho de que la mayor amenaza que enfrentan esos sitios arqueológicos proviene de las acciones antrópicas, no de las naturales; las cuales, bien sea por afán de expoliación o por simple desconocimiento, destruyen aceleradamente esos valores. Es atribuible al hombre el saqueo y la depredación irreversible, mientras que los daños provocados por elementos naturales transforman y degradan en el tiempo, pero pueden ser mitigados o evitados con un adecuado plan de manejo para su conservación.

Es un privilegio conocer la historia a través de estos pecios, excepcionales testigos de los acontecimientos de la Guerra Naval de 1898, y descifrar el lenguaje que nos lega, un tesoro del patrimonio Cultural Subacuático, en el que se conserva el derecho de las futuras generaciones de penetrar en una página trascendente de la historia universal.