SITIO ARQUEOLÓGICO: RANCHO CRUZ - BUEY CABÓN”.

Pecio: Torpedero “Plutón”.

Sitio: Poblado Buey Cabón, al Oeste de la ciudad de Santiago de Cuba.

Municipio: Santiago de Cuba.

Expediente: CUB13EP03-1995.

Demarcación geográfica del pecio:

El pecio se encuentra ubicado muy cerca de la costa, a los 19°57.592 N y 75°57.213 W. Fácilmente identificable desde la orilla por la cantidad de fragmentos que el mar ha depositado en la margen escarpada del arrecife, donde embarrancara abatido por el fuego enemigo. Sus restos están muy diseminados por toda el área que conforma el sitio arqueológico, a una profundidad entre 2 y 6 metros. El sitio donde embarrancara el 3 de julio de 1898 es un tramo de costa irregular de diente de perro, de unos 800 metros, entre la ensenada de Rancho Cruz al Este y la de Buey Cabón al Oeste, abriéndose al Caribe sur.

Zona poblacional:

Se encuentra ubicado en una zona costera que corresponde a la línea limítrofe del municipio Santiago de Cuba con el municipio Guamá. La población costera tiene unos 104 habitantes, con una economía familiar fundamentada en agricultores pequeños y trabajadores de servicios, fundamentalmente de las áreas públicas en los balnearios de Mar Verde y Buey Cabón. Otro segmento de los pobladores, sobre todo de grupos etarios jóvenes, se dedica a la pesca costera furtiva, por lo que constituye un potencial en la cantera de posibles depredadores del área patrimonial. Existen tristes antecedentes de tráfico y depredación de evidencias arqueológicas por parte de estos pescadores. Hoy se incluyen en un plan de manejo, que pretende dotarlos de conocimientos sobre el verdadero valor del patrimonio subacuático y la importancia de su papel como actores protagónicos en el escenario de la gestión de conservación del Patrimonio Cultural Subacuático.

Antecedentes históricos:

El “Plutón” fue construido, junto a su hermano gemelo el “Furor”, en los astilleros Clydebank Engineering & Shipbuilding Co. del Reino Unido. Fue puesto en andamios el 12 de febrero de 1897 y botado al agua en abril de ese mismo año. Siete meses después, el 4 de noviembre de 1897, se completaron las maquinarias, el armamento y el arsenal de guerra.

Al mando del Teniente de Navío ­­­­Pedro Vázquez figuraba entre los buques torpederos de la Escuadra de Cazatorpederos de la Armada Española que, comandada por el Capitán de Navío Fernando de Villamil, formaba parte de la Escuadra de Operaciones Las Antillas, dirigida por el Vicealmirante Pascual Cervera y Topete.

En 1898, tras la agudización de las tensiones en la relación entre España y los Estados Unidos, al “Plutón”, junto con los destructores “Furor” y “Terror”, se le ordenó formar parte de la escuadra comandada por el Vicealmirante Cervera, que partiría hacia Puerto Rico para defender el dominio colonial español en el Caribe. El “Plutón” y el resto de los barcos partieron el 29 de abril con rumbo a San Juan de Puerto Rico. El “Plutón” llega al puerto de Santiago de Cuba el 19 de mayo de 1898, donde Cervera esperaba reparar sus buques antes de verse atrapado por la fuerza naval norteamericana. Cumpliéndose sus malos augurios, la escuadra se vio bloqueada en la bahía de Santiago de Cuba, cuando la escuadra norteamericana llegó el 27 de mayo y comenzó un bloqueo que duró 37 días.

Este cazatorpedero intervino en las acciones durante el período de bloqueo. El 3 de junio, los norteamericanos intentaron bloquear el puerto, hundiendo el buque carbonero “USS Merrimac” a la entrada del canal, con la intención de bloquear a la escuadra española. El “Plutón”, el “Vizcaya” y el crucero “Reina Mercedes” abrieron fuego sobre el “Merrimac”, destruyendo el estratégico plan de los norteamericanos.

El fatídico 3 de julio de 1898 el “Plutón” resultó ser el último barco en salir por la bocana de la bahía de Santiago de Cuba, con un singular atraso con respecto a sus hermanos de infortunio. A las 9:30 horas largó las amarras en el muelle de Los Cruces, maniobrando para tomar rumbo a la salida de la bahía santiaguera; pero era esperado a su salida por los buques norteamericanos, que no titubearon en recibirlo con una lluvia de proyectiles.

A las 10:45 horas un proyectil de grueso calibre atraviesa el sollado de la marinería, a proa, inunda los estancos y encabuza la embarcación. Otros impactan las calderas y las hacen estallar con descomunal fuerza, lanzando miles de fragmentos de metal a varios cientos de metros. Un proyectil entra por el camarote del comandante e impacta el pañol de municiones, provocando un fuerte incendio y otra vía de agua.

Su comandante, el teniente de navío Pedro Vázquez, respondiendo al fuego enemigo con las evidentes escasas posibilidades ante el poder de la artillería naval norteamericana y viendo su nave casi zozobrar, trata de enrumbarlo a una playa cercana, pero nota de inmediato la falta de gobierno. Se había inutilizado el servomotor y algunos guardines, lo cual provocó que la nave se dirigiera y proyectara irremediablemente contra las rocas del acantilado. Algunos hombres, informa posteriormente su comandante, desembarcaron por proa y otros se votaron al agua por la banda de estribor, logrando algunos ganar la tierra. Minutos más tarde ocurre una explosión y casi de inmediato se hunde el buque, que quedó sumergido en la posición en que estaba hasta la cubierta. Los sobrevivientes en el momento de los acontecimientos fueron rescatados por los propios norteamericanos. De una dotación de 75 hombres, fueron trasladados como prisioneros a los buques norteamericanos 21 tripulantes, incluyendo 5 heridos; el resto en esos momentos formaba parte de los muertos y desaparecidos.

Nombre del pecio:

“Plutón”

Clase:

Furor

Tipo de embarcación:

Destructor (Destroyers)

Bandera:

España

Fecha de puesta en grada:

12 de febrero de 1897

Astilleros:

Clydebank Engineering & Shipbuilding Co., Reino Unido

Fecha de botadura:

abril de 1897, fue completado el 4 de noviembre de 1897

Comandante:

Teniente de Navío “Pedro Vázquez”

Tripulantes:

75 hombres

Eslora:

69,79 m

Manga:

6,80 m

Puntal:

4.20 m

Calado:

3.00 m

Desplazamiento:

380 ton

Velocidad máx.:

28 nudos

Autonomía a bajo consumo:

1000 millas (náuticas)

Tipo de proa:

Cubiertas:

Corrida, con un pequeño puente a unos 15 m de la proa, con ventolinas distribuidas a lo largo de su eslora, con dos cañones “Nordenfelt” de 75 mm a proa y a popa sobre armaduras axiales giratorias. Dos pescantes en ambas bandas en el primer tercio del buque. Asideros corridos de cables por toda la regala, de proa a popa, arbolados con tubos atornillados a cubierta.

Blindaje:

No

Blindaje cubierta:

No

Barbetas:

No

Maquinaria:

Tipo de maquinaria:

2 máquinas de vapor de triple expansión

Tipo de alimentación:

Carbón mineral – 96 toneladas

Potencia :

4000 - 7000 CV a tiro forzado

Calderas :

4 calderas “Normand”

Propulsión::

2 hélices

Arboladuras:

Mástiles:

1 Mastelete con pescante

Artillería:

Cañones “Nordenfelt” de 75 mm (semiautomáticos) :

2 piezas

Cañones “Nordenfelt” de 57 mm (semiautomáticos)

2 piezas

Ametralladoras “Maxims”:

2 piezas

Tubos lanzatorpedos de 350 mm:

2 emplazamientos (sobre cubierta)


Características arqueológicas:

Es un sitio arqueológico muy impactado por la dinámica del medio, como ya se ha explicado. En él los elementos naturales, junto a la misma ubicación del pecio, se encargaron, en los primeros años posteriores a 1898, de destruir toda la infraestructura del buque y de reducirlo a la dispersión de herrajes, armamentos, arboladura y restos de calderas y maquinarias.

El registro secuencial de imágenes en el sitio ha permitido la identificación de las evidencias arqueológicas su inventario y estudio. Es significativo que muchos de los restos están literalmente sepultados y casi todos asidos o fijados fuertemente entre sí por la acción de microorganismos sésiles, que fijan y estructuran los restos al fondo; lo cual imposibilita el movimiento, traslado o extracción de la evidencias más grandes, por lo menos con medios individuales de un buceador con su equipamiento normal.

El escenario histórico natural del desastre del 3 de julio y el conocimiento del lugar donde impactó el “Plutón”, hasta los restos del mismo, esparcidos en tierra y mar, hacen del sitio arqueológico un lugar verdaderamente especial, que obliga a la delimitación del acceso futuro al sitio y su parcial protección, para prolongar su vida para las futuras generaciones.

Estado de conservación actual del sitio arqueológico:

El barco, que en su día envistió de proa la escarpada costa, destruyó la misma prácticamente convirtiéndola en un amasijo de acero, como fue descrito. El buque permitió el acceso a tierra por la misma zona del impacto, e inmediatamente quedó semihundido perpendicularmente a la costa. La cercanía evidente, la poca profundidad y la fuerza con que golpea el frente de ola en el sitio, hicieron muy pronto de este pecio el más destruido de toda la flota española. Hoy los restos se encuentran diseminados en un tramo de costa de unos 150 m, otros restos y fragmentos han sido lanzados o transportados por la fuerza del mar a la zona intermareal del arrecife o a varios metros de la costa; de hecho, de la línea costera hacia tierra se observa un espectáculo muy interesante, ofrecido por los fragmentos ferrosos de los restos. Estos están prácticamente fundidos por los acelerados procesos de oxidación, junto con los elementos ambientales del sitio como las altas concentraciones de salitre marino, que bañan como un aerosol, atomizando toda la meseta arrecifal que conforma la costa de diente de perro en esta zona. Los restos son fácilmente identificables, ya que están a poca profundidad en una trama o amasijo de perfiles, pescantes, brazuelas, armamento y restos de la arboladura. Resulta singular que muchos inmersionistas comunes no identifiquen los exponentes por evidentes o grandes que sean, ya que están virtualmente ocultos en la maraña de restos, cual árboles en una selva, vistos desde el aire.

La observación profesional permite inventariar visualmente armamentos de diferentes calibres, mástiles, restos de arboladura, tubos lanzatorpedos, pescantes, proyectiles, restos de maquinarias, flucerías de las calderas y jarcias, entre otras. Este sitio arqueológico ha sido, por muchos años, depredado intensamente por parte de furtivos que aprovechan el lavado que hacen los ciclones y tormentas para saquear objetos, como botonaduras, cubiertos timbrados, proyectiles de diferentes calibres, monedas y otras evidencias, que, en su mayor parte, han ido a parar a destinos inescrupulosos.

Impacto por la agresión antrópica:

Este barco, como se ha comentado, ha sido muy depredado por el hombre desde su hundimiento. En ello inciden los siguientes elementos: primero, conocimiento del sitio del embarrancamiento por parte de furtivos y profesionales interesados en el despojo; segundo, cercanía a la costa; tercero, lavado medioambiental frecuente, que pone al descubierto evidencias de interés para coleccionistas, turistas y foráneos; cuarto, cercanía de asentamientos poblacionales; quinto, práctica de la caza submarina furtiva en la zona; sexto, desconocimiento y falta de reconocimiento de los valores históricos patrimoniales; séptimo, retribución o compra de piezas y evidencias por parte de turistas o coleccionistas interesados en el tema; octavo, falta de una estrategia por parte de las autoridades que ayude a controlar o amortiguar el impacto antrópico en el sitio arqueológico; y noveno, muchas colecciones en el mundo, privadas o no, hoy cuentan con evidencias arqueológicas del “Plutón”; al tiempo que otras yacen, quizás arrinconadas o abandonadas, mientras se degradan por la intemperie del medioambiente y la indolencia del hombre.

Tráfico marítimo:

El tráfico casual de embarcaciones es prácticamente nulo, teniendo en cuenta la cercanía del pecio al rompiente; de ahí que las embarcaciones ligeras que se acercan al sitio arqueológico generalmente lo hacen con toda intencionalidad.

Mareas:

El movimiento de las mareas en esta zona no repercute significativamente en el sitio arqueológico, excepto durante el vaciante y en la crecida de los ríos, cuando aumenta la turbidez de las aguas; lo cual dificulta cualquier tipo de trabajo, incluido la toma de fotografías e imágenes del sitio.

Vientos:

Los reinantes en esta zona son del Sureste durante casi todo el año, con virazones a la caída de la tarde, sobre todo con la formación de tormentas locales de verano (turbonadas que suelen formarse hacia el W con una tendencia a rotar ESE); durante escasos días entre noviembre y febrero sopla del norte y plancha el mar junto a la costa, lo cual facilita los trabajos de arqueología en el sitio, así como el estudio imageneológico de los restos.

Características del agua (temperatura, salinidad, turbidez e iluminación):

El agua tiene una temperatura media dentro de los parámetros de la costa suroriental de unos 25 durante el verano y unos 23 en el invierno. Es bastante estable junto a la costa debido al movimiento del mar.

Generalmente las aguas en el sitio son transparentes, excepto cuando la mar está movida y durante la temporada de intensas lluvias, que arrastra una cantidad importante de sedimentos de aluvión, incrementando sustancialmente la turbidez.

Las concentraciones salinas coinciden con los parámetros de la zona, con excepción de los meses de lluvia, en los cuales los escurrimientos inyectan corrientes de agua dulce procedentes del río Buey Cabón, que abre el dique de arena de su pequeño delta.

La iluminación es buena si se tiene en cuenta la poca profundidad. Las formaciones sedimentarias del fondo son claras, lo que favorece a su vez la refracción de la luz y con esto una mayor claridad del ambiente general, elemento positivo para la filmación o el trabajo fotográfico en el sitio.

Características del fondo:

El fondo es pedregoso sedimentario y hace desde el mismo perfil de costa una especie de cazoleta o depresión de unos 90 centímetros de profundidad y 70 metros de largo, paralelo a la costa y a unos 7 metros escasos de ella. La trama de restos parece, desde la superficie, como si reposara en el fondo de una gran cacerola natural de irregulares bordes. El fondo, a lo largo de la línea de costa, ofrece una imagen de limpieza o despoblación, provocada por el lavado contante de la fuerza del mar, que bate alternativamente en flujos y reflujos.

Algunos fragmentos del pecio de tamaño y peso considerables han sido lanzados, por la fuerza del mar en condiciones especiales como los huracanes, a más de 50 metros de la costa. El fondo desde la isobata de unos seis metros cae en suave talud a 22 m hacia el Sur, haciendo una meseta discretamente regular hasta el primer veril.

Corrientes:

Pueden moverse con poca intensidad al SW y se suman momentos de fuertes reflujos, por el agua que retrocede de una pequeña abra en la zona del hundimiento.

Acceso desde tierra:

Es muy difícil el acceso directo desde la costa, ya que la distancia desde las ensenadas al Este y Oeste obliga a nadar más de 900 metros; además, la entrada al sitio por el mismo lugar del hundimiento es prácticamente imposible con equipo autónomo, si se tienen en cuenta las siguientes variables: primero, acceso muy difícil a través del arrecife costero (diente de perro); segundo, es casi irrealizable el descenso por el cantil hasta el agua; y tercero, la fuerza con que bate el fuerte de ola contra el cantil.

Acceso desde una embarcación:

Es la práctica más adecuada, siempre y cuando se cumplan las medidas de protección del sitio, tales como: fondeo alejado, al Sur de los restos, para evitar que el guerreo destruya parcialmente el pecio. A ello se suma que fondear muy cerca del acantilado constituye un verdadero peligro para las embarcaciones y sus tripulantes y cuando menos para el éxito de la campaña de inmersión.

Biodiversidad:

Las especies peligrosas resultan escasas y muy esporádicas, casi casuales, con excepción de algunos nidarios urticantes durante algunos meses del verano o microorganismos tóxicos, como el “caribe”, que pueden hacer mucho daño e incluso malograr un proyecto de inmersión cuando su presencia es numerosa.

Precauciones para la inmersión en el sitio arqueológico:

El peligro mayor lo constituye la ubicación de los restos al lado del acantilado, donde el mar bate con mucha fuerza, lo que invalida totalmente la inmersión si no se cuenta con una mar en calma. Se debe de considerar, siempre, que el equipamiento que flote corre el riesgo de perderse o dañarse, muchas veces las retenidas y cabos terminan atrapadas enredándose en el arrecife y arrastrando al instrumental que tratamos de preservar. El uso de guantes y trajes de goma resultan indispensables y de no tener mucha práctica, evitar tomar la costa por el cantil.

Impacto por la agresión antrópica:

Este barco, como se ha comentado, ha sido muy depredado por el hombre desde su hundimiento. En ello inciden los siguientes elementos: primero, conocimiento del sitio del embarrancamiento por parte de furtivos y profesionales interesados en el despojo; segundo, cercanía a la costa; tercero, lavado medioambiental frecuente, que pone al descubierto evidencias de interés para coleccionistas, turistas y foráneos; cuarto, cercanía de asentamientos poblacionales; quinto, práctica de la caza submarina furtiva en la zona; sexto, desconocimiento y falta de reconocimiento de los valores históricos patrimoniales; séptimo, retribución o compra de piezas y evidencias por parte de turistas o coleccionistas interesados en el tema; octavo, falta de una estrategia por parte de las autoridades que ayude a controlar o amortiguar el impacto antrópico en el sitio arqueológico; y noveno, muchas colecciones en el mundo, privadas o no, hoy cuentan con evidencias arqueológicas del “Plutón”; al tiempo que otras yacen, quizás arrinconadas o abandonadas, mientras se degradan por la intemperie del medioambiente y la indolencia del hombre.

Imágenes del Pecio