Pecio: Crucero Acorazado “Cristóbal Colón”.

Sitio: Playa La Mula. Al Oeste de la desembocadura del Río Turquino, municipio Guamá, a 50.4 millas de Santiago de Cuba.

Municipio: Guamá.

Expediente: CUB13EP06-1995.

Demarcación geográfica del pecio: El pecio se encuentra ubicado a los 19° 56.813 N y los 76° 45.896 W, al Oeste de la desembocadura del Río Turquino y a 50,4 millas náuticas de Santiago de Cuba. Está orientado a los 165 grados SSE, a unos 80 metros del litoral y entre 12 y 37 metros de profundidad.

Zona poblacional:

El pecio Cristóbal Colón se encuentra situado en el entorno del asentamiento La Mula, perteneciente al Consejo Popular Ocujal del Turquino, del municipio Santiago de Cuba en la provincia del mismo nombre. Esta comunidad, según el nomenclador urbano de la Oficina Nacional de Estadística e Información, es un poblado de tercer orden por estar comprendido en el rango entre 200 y 499 habitantes. Se encuentra ubicado en los 19 grados, 56 minutos y 50 segundos de latitud norte y los 76 grados, 44 minutos y 48 segundos de longitud oeste. Tiene una extensión de 0,4 km2 y su población asciende a 202 habitantes, de los cuales el 52,4 % son hombres y el 68,1% está en el rango de edad comprendido entre 15 y 60 años. El índice de escolaridad promedio ronda el noveno grado y 21 poseen nivel superior.

La economía en este asentamiento poblacional se sustenta fundamentalmente en la producción de viandas, hortalizas, leche y granos; asimismo, se fomenta la cría de aves de corral, ganado porcino, ovino, caprino y vacuno, además de la pesca. En el mismo se encuentra enclavada la Base de Campismo Popular Río La Mula, que acoge a cientos de visitantes anualmente.

La población económica está compuesta esencialmente por campesinos, productores agropecuarios y eventualmente algunos pescadores. Una parte considerable de la población (24,6 %) está empleada en la Base de Campismo Popular.

Antes de 1959 en el poblado no existía ninguna escuela ni maestros públicos, prácticamente toda la población era analfabeta y de origen campesino. En la actualidad existe una escuela primaria con los medios audiovisuales necesarios para garantizar la calidad de la educación en este intrincado lugar, lo que satisface las necesidades educacionales de sus pobladores. Se trabaja además en el programa Educa a tu Hijo.

Los avances alcanzados en el terreno de la Salud Pública son incomparables con las condiciones existentes antes del Triunfo de la Revolución. En esta comunidad se garantiza la atención primaria de salud con un consultorio del médico de la familia, donde laboran un médico general integral y una enfermera.

Antecedentes históricos:

En 1895, sabedora España de su enorme inferioridad naval, hizo un último intento para reforzarse, aunque como ya se conoce, en vano. El proyecto de refuerzo de la marina de guerra provino del crédito extraordinario concedido para atenciones de guerra y marina en la isla de Cuba, por ley del 29 de marzo de 1896. Dicho proyecto pretendía la adquisición de un acorazado y dos cruceros acorazados, su construcción fue encargada a otras marinas de guerra y la operación fue supervisada por el Ministro de Marina para la Restauración, el Almirante Berenguer.

En la práctica, solo se compró un crucero acorazado, el Cristóbal Colón. El 27 de agosto de 1896 la Gaceta de Madrid publicó la noticia, el Congreso dio su aprobación para la compra de un crucero acorazado, que construiría la casa Gio Ansaldo & Cia. en los astilleros Ansaldo Sestri Ponenti de Génova, para la Regia Mariana italiana. España pagó 690.000 libras esterlinas, la duración de los trabajos de construcción fue de 6 meses. El Diseño del más moderno y eficaz crucero acorazado del momento estuvo a cargo de Benedetto Brin, bajo la supervisión del general de ingenieros navales Edoardo Masdea.

La primera unidad de esta serie, llamada clase Garibaldi, fue puesta en el mar en el año 1893 y bautizada con el nombre de Giuseppe Garibaldi, que dio nombre a la clase. Se construyó un total de 10 unidades, que sirvieron con más o menos fortuna en las marinas de guerra argentina, italiana, española y japonesa; precisamente esta última dispuso de dos unidades que combatieron con mucho éxito en la guerra ruso-japonesa de 1905.

El Colón debió haberse llamado Giuseppe Garibaldi, ya que en principio había sido construido para la Regia Marina Italiana; su antecesor fue comprado por la Armada argentina. Posterior a su adquisición, el gobierno español lo rebautizó como “Cristóbal Colón”, curiosamente como el insigne almirante Genovés que 404 años antes había descubierto para la Corona Española el continente americano.

Fue botado al agua, tras varios intentos, el 16 de septiembre de 1896, a las 9 horas de la mañana en el puerto de Génova. Ya construido completamente, su artillería gruesa: los 2 cañones de grueso calibre Armstrong de 254 mm, que debían ir emplazados a proa y popa, no cubrieron en ese momento las expectativas de las autoridades españolas; al final, nunca serían instalados. El barco se entregó al gobierno español el 19 de mayo de 1897, ese mismo día del siguiente año arribaría a las costas de Santiago de Cuba, su destino final.

Se efectuaron diferentes pruebas de velocidad, de marcha y contramarcha, con el propósito de evaluar la capacidad de repuesta de sus 24 calderas Niclause, de 13.000 caballos de potencia, capaces de mover una mole de acero de 6840 toneladas de desplazamiento y conseguir la impresionante velocidad, para la época, de 21 nudos. Cabe apuntar, como dato curioso, que España estuvo a punto de adquirir una segunda unidad de la misma clase que el Cristóbal Colón, que habría de llevar por nombre Pedro de Aragón; pero esta adquisición nunca llegó a materializarse.

Una vez obtenido el visto bueno de las autoridades españolas, zarpó con rumbo a Mahón, Islas Baleares, puerto al que arribó el 10 de agosto de 1897. Su llegada a la isla de Menorca quedó marcada por la luctuosa noticia de la muerte, dos días antes, de Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros, por lo que se vieron alterados los actos que se habían preparado en honor a la llegada del acorazado. Días antes, desde Génova, Emilio Díaz Moreu, su comandante, había telegrafiado al alcalde de Mahón su inminente llegada, por lo que la ciudad menorquina se aprestó a darle el gran recibimiento, que acabó malogrado. La ciudad quiso otorgarle la bandera de combate, pero su pronta salida rumbo a Cartagena lo impidió, por lo que nunca pudo realizarse tal ofrenda.

El “Cristóbal Colón” se hundió el 3 de julio de 1898, a las 13.25 horas; luego de que su Comandante decidiera abrir los registros de sentina, última maniobra dirigida a impedir que cayera en manos enemigas durante el combate naval de la Guerra Hispano-Cubana-Norteamericana.

El Cristóbal Colón, al frente del cual se encontraba el Comandante Emilio Díaz Moreu, salió por el canal de la bahía en tercer lugar, luego de los buques insignia Infanta María Teresa y Vizcaya; hizo rumbo oeste a toda máquina a unos 19 nudos y logró ubicarse al Norte de los buques de la malograda escuadra española, con lo cual consiguió interponerlos al fuego norteamericano y escapar momentáneamente, navegando a lo largo de la costa suroriental. Sin embargo, a las 11:45 horas, con el poblado de Chivirico de través, el magnífico acorazado había consumido todo el carbón tipo Cardiff, de mayor poder de fuego, por lo que se vio obligado a quemar en sus calderas Niclause el carbón tipo Cumberland, que lo hizo disminuir su velocidad a unos 15 nudos. Este hecho singular condenaría al barco a ser cazado irremediablemente por los rezagados perseguidores, que hasta entonces habían estado cebándose en los ya aniquilados barcos del Almirante Cervera.

Alrededor de las 12:30 horas, el comandante Díaz Moreu adivinó inmediatamente las intenciones de sus perseguidores de interponerse entre la costa y su barco para impedir un repentino desembarco. Con una percepción muy clara de que enfrentar un combate en alta mar, en desigualdad numérica y sin su batería de grueso calibre, significaría la pérdida total de sus 543 tripulantes, amén de un sacrificio innecesario y totalmente inútil; a las 13:00 horas, luego de sinuosas maniobras y de que algunos proyectiles enemigos cayeran a pocos metros por la amura de estribor del Crucero Acorazado, el comandante decide hacer proa a la costa y desembarcar con rapidez a su tripulación, legándole para siempre la propiedad y el resguardo de su gallardo buque a las profundas, cristalinas y azules aguas del Mar Caribe.

Nombre del pecio:

“Cristóbal Colón”

Tipo de embarcación:

Crucero Acorazado de 1ra clase

Clase:

Giuseppe Garibaldi

Bandera:

España

Fecha de puesta en grada:

24 de julio de 1889

Astilleros:

Astilleros “Sestri Ponente” de Ansaldo, Génova, Italia

Fecha de botadura:

16 de setiembre de 1896

Comandante:

Emilio Díaz Moreu

Tripulantes:

543 hombres

Eslora:

100 m

Manga:

18.20 m

Puntal:

12.19 m

Calado:

7.75 m

Desplazamiento:

6,840 ton

Velocidad máx.

20 nudos

Autonomía a bajo consumo:

8,300 millas (náuticas)

Tipo de proa:

Lanzada invertida

Cubiertas:

Acero y madera

Blindaje:

Acero inoxidable 120 a 150 mm., dos tercios de la eslora.

Blindaje cubierta:

25 a 30 mm.

Barbetas:

150 mm

Maquinaria:

Tipo de maquinaria:

2 máquinas verticales de triple expansión

Tipo de alimentación:

Carbón Mineral

Potencia :

13,000 CV

Calderas :

14 calderas “Niclause”

Propulsión::

2 hélices

Arboladuras:

Mástiles:

1 mástil

Artillería:

Artillería de grueso calibre:

2 bases de las torretas de los cañones 254 mm “Amnstrong”, que nunca fueron instalados

Cañones de 152 mm:

10 piezas

Cañones de 120 mm( tiro rápido ):

6 piezas

Cañones Nordenfelt 57 mm:

10 piezas

Cañones de 37 mm:

10 piezas

Ametralladoras:

2 piezas

Tubos lanzatorpedos:

5 emplazamientos


Características arqueológicas del pecio

El buque en su tipo resulta uno de los mejores conservados del mundo, si se tiene en cuenta su cercanía a la costa y sus más de 110 años sumergido en mar abierto y en aguas tropicales.

Algunos de los elementos que han permitido la conservación son:

- Estado casi indemne del buque cuando su capitán decide hundirlo.

- Pocos años de explotación del barco desde su botadura, pues prácticamente era un “buque flamante” cuando fue hundido (menos de 2 años).

- Cuenta con una estructura blindada de 120 a 150 mm de acero inoxidable en el casco.

- Grueso espesor en los blindajes exteriores y en las estructuras de tabiques y cuadernas del buque.

- Está sumergido en una zona profunda, a pesar de su cercanía a la costa.

- Sedimento de arcilla cálcica y lodo de aluvión, que disminuye los procesos de oxidación, fundamentalmente en las zonas cubiertas por este sustrato.

- Cambios bruscos en las concentraciones de cloruro, disueltas por la incorporación de corrientes de agua dulce.

- Alguna dificultad para el acceso al pecio, lo que limita en alguna medida la depredación y el impacto antrópico indirecto.

- Arqueológicamente es un sitio muy rico, si se tiene en cuenta que el buque fue hundido con todo el equipamiento. Todavía conserva en sus camarotes y bodegas, debajo de desplomes de entrepisos y mamparos, cajas de herramientas, proyectiles de diversos calibres, peines de balas, envases de cristal (damajuanas), restos de uniformes militares, lozas, cubiertos, monedas, sables de reglamento, fusiles, etc. (en diferentes grados de conservación).

Toda la madera del buque prácticamente ha desaparecido; no obstante, en algunas zonas cubiertas por sedimentos se encuentran restos de mamparos, que parecen ser de fresno o pino, y algunas zonas del recubrimiento de proa y popa en cubierta, que son de madera de teca. Se aprecia en las piezas una intensa agresión del teredo.

Es significativo señalar que nunca se ha hecho un trabajo de rigor con tecnología suficiente, para lograr un serio estudio arqueológico del sitio y documentar e inventariar cientos de exponentes de gran valor histórico, expositivo y museológico; que además permita conservar el pecio in situ con sus mayores exponentes en el santuario natural que le deparó su histórico destino.

Algunos objetos procedentes del buque, que se encuentran en nuestro país, se exhiben en los museos de la Guerra Hispano-Cubano-Americana, el Castillo del Morro y el Museo Marino en el acuario del Parque Baconao. Otras piezas forman parte de algunas colecciones privadas o se exhiben en museos en el extranjero (Estados Unidos y España).

Impacto por la agresión antrópica directa e indirecta:

El análisis de los resultados del estudio y encuestas a la población de La Mula, sitio arqueológico donde se encuentra hundido el Cristóbal Colón, puso de manifiesto que la participación del hombre de manera indirecta como agente agresor casi siempre está condicionada por el desconocimiento del valor histórico material de este patrimonio sumergido, por la dificultad que representa para la mayor parte de los segmentos poblacionales tener acceso visual a este barco, ya que está sumergido a significativa profundidad, cosa que casi siempre ocurre con los pecios; así como por circunstancias coyunturales especiales y las relaciones socioeconómicas del territorio. Un ejemplo de ello resulta el deterioro de las partes más expuestas de las cubiertas y la arboladura, por haberse convertido en fondeadero de pescadores foráneos, que con sus anclas y grampines han destruido y causado estragos en esta reliquia histórica. También están las embarcaciones turísticas cubanas y extranjeras, que han ocasionado un impacto similar. Otro elemento agresor ha sido la pesca con explosivos, menos difundida, pero particularmente dañina, que ha causado un daño extraordinario en los sitios arqueológicos y pecios.

La acción antrópica directa que impacta negativamente al Colón quizás no sea la que mayores efectos destructivos haya provocado al barco; pero sin dudas es la que lo ha despojado de miles de objetos patrimoniales museísticos, que hoy están en otros países en colecciones privadas o estatales. Durante muchos años este pecio ha sido objeto de la más diversa depredación con los más inverosímiles objetivos, desde los más triviales hasta los más desdeñables y dolosos; tales como planes de extracción de evidencias en combinación con personas naturales y jurídicas de Cuba, la venta a turistas y coleccionistas extranjeros de objetos de valor procedentes del barco, los sofisticados planes para la búsqueda de objetos particulares, como la caja fuerte del Colón, que según han afirmado algunos investigadores guardaba la paga de la tripulación y la oficialidad. Otro ejemplo, increíblemente indolente, ha sido la extracción de metales para su venta como materia prima o para la fundición, con el fin de elaborar piezas, partes y accesorios para uso doméstico.

Tristemente, se ha podido constatar que las personas vinculadas a estos hechos son en su mayoría las que de alguna manera tienen acceso al sitio, pues cuentan con los medios necesarios y con la conveniencia de las circunstancias, ya que generalmente pueden acreditar su presencia con un objetivo supuestamente lícito y justificado; tal es el caso de algunos instructores de buceo que, al resguardo de su actividad y respondiendo a los intereses de especialistas y turistas extranjeros, entregan el sagrado patrimonio de la patria por unos pocos dólares o simplemente lo regalan a cambio de alguna acción recíproca.

El Cristóbal Colon, incluso, ha sido mudo testigo de acciones extremas, como fue el hecho de dinamitarle la amura de babor en 1985, para abrir un acceso hacia un compartimiento donde supuestamente estaría un arcón con la paga de toda la flota. El autor de esta atrocidad esgrimía el argumento, ya conocido, de que el día antes del desastre el Almirante Pascual Cervera y Topete se había reunido en el Colón, el acorazado más veloz y de mejores condiciones técnicas, con los comandantes de su escuadra de operaciones, precisamente para planear con Emilio Díaz Moreu y el resto de los oficiales la estrategia de fuga, con el sacrificio de los otros barcos que se enfrentarían a la flota de Sampson. El Cristóbal Colón trataría de salvar lo que Cervera no confió dejar al arzobispo de Santiago de Cuba en medio de un conflicto bélico de imprevisibles consecuencias. Precisamente este fue el móvil para que el mundialmente reconocido investigador y ambientalista Jaques Ives-Costeau volara una parte de la banda del pecio, cual si fuera un vulgar depredador, en busca de lo que aún hoy no se sabe si encontró.

Estado de conservación actual del sitio arqueológico:

Durante la batalla el Colón quedó casi indemne, ya que solo recibió 5 impactos en la banda de babor, todos por encima de la línea de flotación y en lugares pocos vulnerables. Los restos del barco están orientados de Norte a Sur, en la línea de su crujía de popa a proa a 165 grados SSE con 18 grados de pantoque a estribor. Parte de las superestructuras, mástiles, chimeneas, pescantes y torretas están desplomados parcialmente a estribor, con la degradación y el deterioro de los soportes estructurales, herrajes y arboladuras. Sin embargo, la faja acorazada del Colón, singularmente de acero inoxidable, a diferencia de sus compañeros de infortunio, mantiene incólume su estructura en la base y ha resistido fenómenos geodinámicos de gran intensidad, como ciclones tropicales y sismos.

El pecio ha sufrido en los últimos años serios colapsos en su estructura, fundamentalmente dañada por la fuerza de los ciclones tropicales, la agresión antrópica y la dinámica medioambiental en el período crítico de resistencia por corrosión de sus elementos constructivos. No obstante, muchos especialistas del mundo lo consideran, atendiendo a las características del sitio, el mejor conservado en su tipo.

Características de fondo:

Los restos están asentados sobre un fondo sedimentario de aluvión, con base de piedras o cantos semirredondos u ovoides (chinas pelonas) de tamaño mediano entre cuatro y 25 centímetros en su mayoría, que se extiende a través del sustrato hasta el primer veril a unos 50 metros de profundidad y 100 metros por delante de la proa del Colón.

El pecio se encuentra literalmente hundido en el cieno, entre dos y tres metros. Una cantidad importante de sedimento se ha depositado durante años dentro del buque, formando gruesas capas de hasta 1.5 metros de espesor. Esto ha contribuido al desplome o basculación de entrepaños, pisos y mamparos de las diferentes cubiertas del pecio. Por otro lado, este mismo lodo garantiza zonas de escasez de oxígeno, lo cual ha permitido en este medio agresor la conservación de madera e incluso fragmentos de tejidos.

La profundidad en esa parte de la costa es grande y la franja de la plataforma pelágica es muy estrecha, por lo que el veril está muy cerca de la costa, característica esta que ha permitido el magnífico estado de conservación del pecio. Las corrientes, que generalmente tiran al Oeste, movilizan una cantidad importante de sedimentos.

Vientos:

Se caracteriza por ser una zona de mucho oleaje en los meses de verano, con reinantes del Sur-Sureste fuertes a partir de las 9.00 a.m. y durante el día. En el invierno, en los meses de diciembre y enero fundamentalmente, cuando sopla terral y ayudado por el gravitacional de la cuenca del río Turquino, el mar suele estar en calma cerca de la costa.

Cuando los vientos exceden 30 Km/h, o sea, unos 16 nudos, “brisa fresca,” el acceso desde tierra es imposible. Se hace muy singular que la fuerza de la ola en este sitio, donde el talud es muy abrupto, arriba al perfil costero con toda la energía dinámica de su traslación. Los vientos intensos a partir de 122 Km/h, más de 67 nudos; los ciclones y huracanes impiden acercarse a la costa y los efectos sobre el pecio son muy considerables.

Características del agua: (temperatura, salinidad, turbidez e iluminación):

Como casi toda la costa sur de las provincias orientales de Cuba, las aguas son cálidas, con temperaturas entre 22ºC y 23ºC en el invierno y entre 25ºC y 28ºC en el verano. La salinidad es bastante inestable por la incorporación del agua dulce del río y de escurrimientos subterráneos (se aprecia con frecuencia en la cota de los 3 metros desde la superficie corrientes de agua dulce). De diciembre a febrero el agua generalmente se mantiene con poco substrato en suspensión, por lo que aumenta mucho la transparencia. Estos son los meses más propicios para la inmersión, los trabajos de arqueología, la filmación y la fotografía en el pecio.

Las primeras horas de la mañana son las mejores para lograr inmersiones con buena iluminación. Se debe tener en cuenta que en la isobata de los 2 primeros metros, el efecto de refracción de miles de partículas suspendidas dan una primera impresión de poca nitidez y transparencia, cosa que queda resuelta generalmente luego de pasar la cota de los 4 metros de profundidad desde la superficie. Es común apreciar un fenómeno de iridiscencia por la refracción de los rayos solares en barras perpendiculares en forma de abanico.

En los meses de invierno el sol se oculta bajo el mar al Oeste, lo que permite mayor tiempo de iluminación; mientras que en el verano el macizo montañoso de la Sierra Maestra proyecta sombra, pues el sol se oculta rápidamente tras él pasadas las 5 de la tarde.

Corrientes:

Las corrientes en la zona del hundimiento predominan hacia el Oeste Suroeste, y se incrementan en intensidad durante las crecidas ocasionales del río Turquino, que generalmente vierte al mar por escurrimientos, con un talud de arena en la desembocadura, que lo bloquea.

Frecuentemente son apreciables los cambios de temperatura e intensidad de corrientes de las aguas superficiales por encima de los 4 metros, lo que se conjuga con una masa de agua dulce que trae muchas partículas en suspensión.

Cuando las corrientes son fuertes durante el verano, es recomendable consultar la información y hacer la inmersión en los intervalos de paro de marea.

Biodiversidad:

Se comprobaron los diferentes niveles de biodiversidad y sus grados de vinculación con los restos, la evaluación de la conservación de la madera en los pecios y la presencia de teredo y otros horadadores, bivalvos y gusanos tubarios. Se precisan las evidencias bajo sustrato y la cantidad de sedimentos por deposición acumulados en el tiempo en algunos de los pecios.

En esta parte de la costa no existen peligros mayores si se toman las medidas para evitar las molestias de algunos organismos irritantes, entre ellos múltiples variedades de actinias (nidarios) durante el verano, incluido el famoso Caribe, especie de organismo microscópico muy irritante, que tantas molestias causa.

En todo el pecio hay mucho coral de fuego (Milleporaalcicorne), por lo que se recomienda el uso de trajes isotérmicos durante la inmersión y no acercarse demasiado a las formaciones coralinas que cubren los restos. Con alguna frecuencia aparecen rascacios (Scorpaenaplumieri) en el sedimento de arena y lodo depositado en las oquedades y partes abiertas del buque.

El pecio se encuentra colonizado por varios tipos de organismos marinos, tales como algas, esponjas, corales y gorgonias. Entre las esponjas se destaca por su belleza y gran tamaño la esponja de barril (Xestospongiamuta), de color pardo rojizo, en cuya oquedad puede una persona introducir holgadamente la mitad del cuerpo. Además, aparecen interesantes esponjas tubulares, como la Spinosellavaginalis, de color grisáceo violáceo, formada por tubos unidos en la base en forma de bouquet. También se hallan la Aplysinafistularis, de color amarillo; la Agela conífera, de carnosos tubos en forma de racimos, y la Spinosellaplicífera, con su cuerpo en forma de vasos y color violáceo iridiscente.

Los corales pétreos son escasos, debido a las condiciones del biótopo en el que están enclavados, que es areno fangoso. Sin embargo, pueden observarse diseminados por la cubierta, en forma aislada, las especies más representativas, como el coral orejón (Acroporapalmata), el coral cuerno de ciervo (Acroporacervicorne), el coral poroso de dedos (Poritesporite), el coral ramillete de novia (Eusmiliafatisgiatta), el coral cerebro o coral laberinto (Diplorialabyrinthiformis), el coral de flores (Musa angulosa) y el mencionado coral de fuego (Milleporaalcicorne); así como algunas agaricias y meandrinas.

Hay bellos exponentes de gorgonias. Las más vistosas son las majestuosas pseudoteregorgias, con cuerpos de más de un metro de altura y ramas plumosas muy parecidas a los pinos; la Flabellumflavelum, los abanicos de mar de cola azul, la lexauridae azul, muy alta y con ramificaciones arbustivas profusas; así como la Plexaurafexvosa (Soberats, 2003).

Acceso desde tierra:

Se hace relativamente fácil el acceso desde la costa, luego de la ubicación de las referencias descritas anteriormente, y la increíble cercanía del sitio con respecto a la costa (con la mar en calma). Es recomendable hacer la inmersión y planificación de trabajos de investigación desde la proa hacia los restos de la popa, ya que al culminar el buceo se está más cerca de la costa y de la salida desde el mar, por lo que se hace menor el tramo a nadar en aguas superficiales, donde se presentan con más intensidad corrientes hacia el Oeste. Para ayudar a los procesos de descompresión durante el buceo se recomienda el desplazamiento desde las zonas más profundas a las menos profundas.

Aunque en los 27 metros (proa del pecio) se puede efectuar una inmersión dentro de la curva de seguridad hasta un tiempo de 25 minutos, cuando se cuenta con cilindros de mucho volumen es importante estar al corriente del tiempo, las paradas de descompresión y las orientaciones del instructor o guía (en el caso de turistas y aficionados); ya que es relativamente frecuente que algunos aficionados, ensimismados con el impresionante panorama, olviden las imprescindibles normas de seguridad.

Como se ha explicado, con el mar ligeramente movido se hace peligrosa la entrada y salida desde la playa, por la frecuencia e intensidad de las olas que rompen el talud de piedras, la posibilidad de caídas y rotura del equipamiento; además de posibles golpeaduras y daños físicos a buceadores asistentes y foráneos. Es importante señalar que con la mar movida es prácticamente imposible el acceso desde tierra.

Acceso desde una embarcación:

Resulta más seguro que el acceso por tierra, con el inconveniente de que cuando la mar está movida la estancia encima de embarcaciones de mediano y pequeño porte se hace muy molesta por el continuo vaivén que provocan las olas y el reflujo de la costa cercana.

Durante el día, es muy importante que la zona de fondeo se haga al Este del pecio, calando anclas o grampines con suficiente fulamen y lejos del perímetro del pecio, para que al caer la popa por las corrientes y las brisas, quede cerca y a babor del buque hundido.

Con terral, es preferible el fondeo más cercano a la costa y siempre al Este, para que al bornear la embarcación de apoyo quede a lo largo de la banda de babor, aledaña al pecio. Nunca se deberá permitir el fondeo sobre los restos del acorazado hundido.

Recomendaciones para el buceo:

La recomendación más importante es no bucear solo, bajo ninguna circunstancia. En estos momentos resulta muy peligroso el acceso a camarotes, compartimentos y bodegas, ya que las cubiertas, mamparos y tabiques están expuestos frecuentemente al desplome de las partes más débiles, agredidas por la corrosión y el peso de los sedimentos, además de la proliferación coralina. Muchas de las partes estructurales de la arboladura, costillería y perfiles; que soportan pisos, paneles, entrepaños y mamparos, han sido muy dañadas por las anclas de embarcaciones que fondean indiscriminadamente sobre los restos. Esto ha contribuido mucho al deterioro gradual y, por supuesto, al peligro constante de derrumbes parciales, con su consecuente riesgo para buceadores profesionales, investigadores y turistas. Es imprescindible el buceo acompañado de instructores y guías experimentados, conocedores del pecio.

Cuando se usan chalecos compensadores inflables y reguladores de largas tomas y varias mangueras el acceso en algunos lugares del buque se hace prácticamente imposible y muy peligroso, por lo estrecho de los compartimentos y la infinidad de herrajes y cables que impiden el paso.

Los trabajos y estudios arqueológicos en los restos, cuando se realicen en los compartimentos y bodegas, requieren de medidas especiales, con requerimientos de apuntalaje, reforzamientos y la ubicación de cilindros de aire para situaciones emergentes en las zonas de trabajo; además del uso de una cuerda o retenida como guía desde las áreas exteriores y la superficie. Es imprescindible una suficiente iluminación artificial.

Descargas eléctricas:

Durante los meses de verano en la zona son muy frecuentes las turbonadas locales, producto del recalentamiento y condensación producidos en la ladera norte de la Sierra Maestra, que se corren al Sur en horas de la tarde, cuando se producen equilibrios entre la brisa y el terral. Es importante, cuando las turbonadas están acompañadas de descargas eléctricas, evitar o suspender las iniciativas de buceos y trabajos de investigación.

Imágenes del Pecio